Casagrande: El sol, de Virginia Ducler


Dossier: Nuevas editoriales de Rosario

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El sol
Virginia Ducler
Editorial Casagrande
2016
90 páginas

Por Romina Lipnik

 

Cada vez que leo el libro de alguien que conozco (me he relacionado con Virginia como usuaria de la biblioteca de letras), me resulta inevitable buscar en los rasgos de los personajes de cada historia un poco o mucho (depende el caso) de su autor. En El sol encuentro algunas coincidencias con la vida de la autora.

Premat sostiene que en todo relato se produce la marca supuestamente vivencial de la literatura (un “ya sucedido” antes de la lectura) y la correspondencia con un relato biográfico. Por lo tanto, detrás de toda ficción existe una ilusión referencial, es decir, en todo fragmento narrativo se situarían las trazas de una vida. En el libro El sol podemos leer a mujeres situadas entre a un presente caótico e infeliz y en un pasado que no vuelve, y esto las enfrenta a un espejo que les recuerda todo el tiempo que están envejeciendo.

El sol es el primer libro publicado en formato papel de la escritora Virginia Ducler, y es la primera edición de la nueva editorial rosarina Casagrande, la cual acaba de publicar tres títulos de bajas tiradas, pero con un toque artesanal que destaca cada uno de sus libros.

Ducler es Licenciada en Letras, egresada de UNR, y si bien es su primer libro en papel, también escribió cuentos que se encuentran publicados en la editorial digital Ediciones Revólver (Barcelona) bajo el título Los zapatos del ahorcado. Además de tener en su haber el drama cómico El destino de los huesos llevado a escena por la actriz rosarina Andrea Fiorino.

En el libro El sol nos encontramos con dos nouvelles: la primera de ellas lleva el mismo nombre que el volumen “El sol” y la segunda “La dispersión”; esta última fue finalista del Premio Municipal Manuel Musto en el año 2014.

El sol o en búsqueda de un amor de verano

“En este lugar lleno de días sin sombras y de noches sin luz, los recuerdos irrumpen inadvertidos. Sin querer, uno se encuentra de golpe nadando en medio de un recuerdo”, esto escuchamos decir a Alicia la protagonista de “El sol”, y luego presenciamos uno de los tantos flashbacks hacia ese verano en Brasil, treinta años atrás, donde conoció dos uruguayos, Juan José y Néstor.

Treinta años después la protagonista se encuentra en Cabo Polonio buscando a Juan José, ese joven que le dijo que la amaba durante un verano y con cual sellaron un compromiso de un encuentro luego de tres décadas, es decir, nunca.

Desde el principio de la nouvelle, Ducler nos traslada a un lugar lleno de sol y con aroma a mar, a una comunidad hippie a la cual podemos acceder solo en jeep, donde la ciudad ha quedado muy lejos, donde debemos dormir en lugares incómodos y tapados con tul por las moscas: la lectura nos lleva sin paradas a Cabo Polonio. La misma protagonista una vez allí se siente extraña con su bolso azul, sus sandalias taco chino, y los abrazos reales o de poses en ese espacio de arena, cielo y mar.

Este viaje que emprende Alicia es un viaje hacia el reencuentro con un amor del pasado, pero es algo más que eso; el viaje es una búsqueda de la memoria perdida, de nuevos recuerdos, de su juventud, en definitiva, de ella misma.

“El sol” nos enfrenta a la verdad sobre el pasado, ese lugar donde el retorno puede ser doloroso porque los hechos están muertos y solo las sensaciones quedan para que podamos armar nuevos recuerdos.

La dispersión o en búsqueda del tiempo de palabras

Si en “El sol” nos encontramos navegando por un tiempo con treinta años de distancia; en “La dispersión” la temporalidad se detalla en forma mensual. En la segunda nouvelle, Ducler nos narra en forma de monólogo interior la cotidianeidad de una mujer que no puede dormir, no puede escribir, y no puede reconciliarse con su pasado biológico.

El tiempo es medido en palabras que ahorcan a la protagonista, un tiempo que pasa pero que ella no puede pasar con él. Además, es un tiempo circular, empezamos en un febrero en el que no ocurre nada y terminamos con la misma sensación de vacío en el febrero siguiente. La rutina ahoga tanto a la protagonista, que de un mes a otro pareciera que transcurrieran horas en lugar de días, pero lo rutinario no solo es visible en las cosas que hace o que no hace, sino en el repetido verso del tango “Pensalo bien”. Un tarareo continuo que adquiere significación en la cotidianeidad de la vida de la protagonista. Estancada en un vacío de ella misma, esta mujer solo quiere dormir, volver a escribir, ir a la milonga y dormir con Juan con las piernas enredadas.

Las novelas cortas que conforman El sol tienen como protagonistas a mujeres maduras que se encuentran en una encrucijada temporal, ya sea en la búsqueda del amor de la juventud o del tiempo de juventud y escritura; una en un viaje y la otra huyendo. Ya no son jóvenes y sus vidas se lo recuerdan todo el tiempo. Son dos mujeres rosarinas, con fracasos amorosos, con dos hijos y bibliotecarias. Se podría inferir, sin forzar la lectura, que es una misma mujer narrando dos episodios diferentes de su vida.

A la vez, las dos nouvelles tienen otro punto común: están atravesadas por la lectura de Thomas Mann: en la primera la protagonista lee pasajes de Muerte en Venencia; La dispersión inicia con una cita de La montaña mágica.

“El sol” nos transporta a un espacio de sol y mar; “La dispersión” nos encierra en la vida monótona de la ciudad. Y estos diferentes espacios se perciben en la prosa de cada nouvelles: la primera continua y natural, la segunda detenida y obstruida

Al cerrar la última página del libro nos quedamos con dos mujeres, con dos búsquedas y una misma sensación puesta en la voz de Thomas Mann: “Pensando en la dulce juventud que le atraía, le repugnaba su cuerpo, que ya empezaba a envejecer”.

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